Padre Pepe: “Mi modelo va a ser Caacupé”

Tras dos años de misión pastoral en Santiago del Estero, el sacerdote José María Di Paola regresó para trabajar en uno de los asentamientos más pobres del conurbano bonaerense. El Católico conversó con él en villa La Cárcova, su nuevo hogar.

Su vocación siempre fue ésa: el trabajo con los niños y jóvenes de los barrios marginales. Por eso, tras dos años de intensa labor en Campo Gallo, Santiago del Estero, el sacerdote José María Di Paola – o “el padre Pepe”, como todos lo conocen-, volvió para instalarse en uno de los asentamientos más pobres del conurbano bonaerense. Desde hace un mes, vive en villa La Cárcova – localidad de José León Suarez, Partido de San Martín – donde, hasta entonces, no lo había hecho ningún cura.

El padre Pepe, quien durante 14 años fue párroco de la Parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, en la villa 21-24 y Zavaleta, Barracas, asegura que ésa experiencia le servirá como modelo para encarar éste nuevo desafío.

Hoy tiene a cargo un área pastoral que abarca villa La Cárcova, cercana a la cual se ubica la capilla Nuestra Señora del Milagro, y los barrios 13 de Julio (también conocido como Ciudad de Dios) e Independencia. En éste último hay dos capillas, San Francisco Solano y Virgen de Itatí. Las villas se encuentran ubicadas a orillas del río Reconquista, uno de los dos más contaminados del país, y se estima que entre las tres viven aproximadamente 20 mil personas.

Con miras al futuro, sostiene que su deseo es hacer una capilla dentro de La Cárcova, para que “la gente de la villa participe más de lo que está participando”; dado que Nuestra Señora del Milagro se encuentra fuera de la misma, aunque a pocas cuadras. Y agrega: “la idea es que, el día de mañana, La Cárcova, 13 de Julio e Independencia sean una parroquia. Ahora hay sólo una, inmensa, para todo José León Suárez”. Di Paola conversó con El Católico sobre éste proyecto y todos los nuevos retos que deberá encarar.

¿Cómo fue que, luego de misionar dos años en Santiago del Estero, tomó la decisión de volver a una villa urbana? ¿Y por qué fue La Cárcova la elegida?

Cada cura tiene su carisma particular. Mi vocación siempre fue el trabajar con los jóvenes y en los barrios marginales. En Santiago del Estero estaba muy bien, hacía falta, y han quedado dos sacerdotes continuando la tarea; pero lo mío tiene que ver más con esto que estoy viviendo ahora o que viví en la villa 21-24. Por eso la decisión de volver. Y éste fue el lugar elegido dado que San Martín es una diócesis en donde las villas son muchas y no hay prácticamente sacerdotes dedicados a ellas.

¿Había alguna posibilidad de que fuese a otra villa?

Era muy probable que fuera a Villa Fiorito, Lomas de Zamora. Pero al final decidí venir aquí. Hablando con el obispo de San Martín, Guillermo Rodríguez-Melgarejo, me dijo que había una necesidad mayor en José León Suárez.

¿En qué se diferencian las tareas que realizaba en Campo Gallo, Santiago del Estero, con las que llevará adelante aquí?

Campo Gallo es un mundo rural, un pueblo, con más de 10 mil habitantes (similar a la población de villa La Cárcova) y con mucha gente que vive en parajes. Ahí había que trabajar más la misión en los pueblos y en los barrios. La gente es austera, simple, hay pobreza pero no un mundo de marginalidad, como sí existe en las villas o asentamientos de los grandes centros urbanos. Las villas tienen cosas muy buenas, pero también problemas, que son los que trabajamos en Barracas.

¿Cómo recibió la gente de Campo Gallo la noticia de su partida?

Les fui claro. Le dije: me voy no porque me llamen, sino porque la decisión es seguir trabajando en lo que estaba cuando me tuve que ir, no porque quise, sino por las circunstancias que todos conocemos (en referencia a las amenazas de muerte que recibió por su trabajo en la prevención del consumo de drogas). Un año antes de irme de Campo Gallo, llevé un sacerdote que sí quería ir al interior y que ahora se quedó como párroco. No es que se quedaron sin nadie, vieron que yo volvía a lo mío, pero sin descuidar lo que habíamos hecho.

¿Qué lo sorprendió de La Cárcova cuando llegó?

Me hace acordar a cuando empecé en la villa 21-24: después de las vías del tren, no había nada, estaba sólo la quema. Acá también se vive de la quema. Porque lo que antes se hacía en nuestro barrio, que era ir a buscar y “cirujear” las cosas que había ahí, ahora se hace aquí, en el cordón del CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado). La villa 21-24 de hoy, no tiene nada que ver con la de hace 15 años, cuando era muy parecida a ésta realidad: calles de tierra, casas de planta baja…

¿Cómo lo recibió la gente al llegar? ¿Hubo alguna misa especial?

Bien. Como mi venida fue algo que se decidió a último momento, no hubo una misa en la que yo invitara gente, como se hace generalmente cuando uno se va de una parroquia a otra. Pero el 11 de mayo vamos a traer la imagen de la Virgen de Caacupé desde Barracas, vendrá el obispo de San Martín y le voy a pedir la bendición para ésta misión.

¿Cómo está compuesta la población de La Cárcova? ¿Y en qué se parecen sus necesidades a las que tenía la gente de la villa 21-24 cuando empezó a trabajar allí?

La mayoría de la población es argentina, del interior del país. Las necesidades son como cuando empecé en la villa 21-24 y no había nada. Acá hay desafíos que son los que tuve hace más de 15 años en Barracas, cuando no había grupos, la gente estaba separada, los católicos no se juntaban. En La Cárcova vi muchos grupos independientes que vienen a ayudar, pero lo que queremos ahora es organizar la Iglesia, que es lo que falta.

Hay que motivar a la gente buscando cómo se expresa religiosamente acá: y eso es a través del gaucho Antonio Gil. Así como cuando llegué a Barracas veía ermitas de la Virgen de Caacupé en cada casa, acá es el gauchito. Por eso, vamos a traer la Cruz Gil desde Mercedes, Corrientes, para julio y haremos una misa grande, además traeremos la Virgen del Santuario de Luján… Para que sea algo similar al cambió que provocó en la villa 21-24 la llegada de la Virgen de Caacupé en el 97. La idea es despertar al católico que está encerrado en su casa, decirle “vamos a juntarnos, empieza una etapa nueva”. Y para eso hace falta un hecho religioso que tenga que ver con la raíz de la gente de acá.

La experiencia de su trabajo en la Parroquia de Caacupé, ¿le servirá de modelo para su desafío actual?

Sí, vamos a tomar lo hecho en Caacupé para que haya una respuesta para los niños, adolescentes y jóvenes. En la villa 21-24 empezamos reforzando la catequesis, con el Grupo Juvenil, retiros espirituales, la movida de traer a la Virgen de Caacupé desde Paraguay y la misión casa por casa. Los pasos aquí van a ser similares. Partimos de la base que tenemos la experiencia de Caacupé, que antes no la teníamos, y hoy muchas villas repiten ése modelo. Fue hecho un camino y ahora hay que aprovechar las cosas que ya se hicieron para ver cuáles pueden andar bien acá y cuáles no.

¿Está Ud. con las mismas fuerzas que cuando comenzó su labor en la Parroquia de Caacupé? ¿O la experiencia acumulada es un “empujón” extra?

Es diferente. En Caacupé no tenía ningún parámetro al empezar. Aquí empezás con una experiencia. Mi modelo va a ser Caacupé, porque es uno para las villas que ya está armado, que apunta a todas las edades y a todas las problemáticas. Hay que dar pasos, para no atolondrarse, según lo que podés hacer cada año, e ir haciendo los caminos que hicimos en Barracas. La gran particularidad de Caacupé es que es un camino sólido.

Traer la Cruz del gaucho Gil para mí va a ser como un antes y un después, yo creo que va a movilizar el barrio. Y eso es lo importante, para cualquier propuesta que haga. Lo que hicimos y se hace en la villa 21-24 pudo ser y es posible por lo que se hizo con la venida de la Virgen. Cualquier grupo que va a Caacupé encuentra una base religiosa fuerte: no es que la gente cree solamente, sino que se organizó en torno a la capilla, y todas las acciones que surgieron partieron de la fe.

¿Piensa volver a vivir algún día en la villa 21-24?

Quizás cuando sea viejo… ¡si soy viejo! Pero mientras tanto mi tarea es ésta y la tarea de Toto (de Vedia) y los demás curas es en Caacupé. Pero si yo tuviera que comprar una casa y decir dónde voy a vivir, sería en la villa 21-24, y si me preguntas cuál es la parroquia que marcó mi vida y cuál es la advocación de la Virgen a la que más le rezo, es Caacupé. Siempre estoy pensando en Barracas.

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